Songcheon Daljiptaeugi

Ubicación de la enciclopedia

Artes Folclóricas de Corea > Juegos Folclóricos Coreanos

Autor NaKyungsoo(羅景洙)

Una costumbre del primer plenilunio del año, en el que se quema una pila de madera llamada daljip en la aldea de Songsan, en Songcheon‑ri, Woldeung‑myeon, Suncheon, Jeollanam‑do

La tradición de la quema del daljip de Songcheon la han disfrutado todos los pobladores de esta aldea de generación en generación. Tratándose del más renombrado evento del Jeongwol Daeboreum (primer plenilunio del año), se le designó como el Patrimonio Cultural Intangible N.º 24 de Jeollanam‑do el 31 de enero de 1994. Esta costumbre folclórica es la combinación de varias ceremonias como el dangsanje (el rito para el dios protector del pueblo), el tiro de la cuerda y la música campesina. En esta aldea hay dos templos dedicados al dangsan local, donde se venera al dios protector del pueblo. Así pues, con la participación de las bandas musicales, se reza para este dios protector y luego se dispone la gente a jugar al tiro de la cuerda tras haber confeccionado las llamadas cuerdas hembra y macho. El tiro de la cuerda, en el que participa toda la comunidad en conjunto, no es un mero juego que se lleve a cabo solo por diversión: los perdedores tienen que realizar el trabajo de construcción de «la casa de la luna» o daljip. Es decir que los perdedores tendrán que ir a la montaña a cortar bambú y ramas del roble, que son los materiales de construcción principales.

El proceso de producción del daljip empieza con el corte y recolección de la madera. Mientras tanto, el resto de los pobladores de la aldea vistan todas las casas para juntar bultos de paja o haces de leña. Para la construcción, primero se colocan bambús formando un cono en medio de un parque amplio. El interior de este cono se rellena con paja o haces de leña y, por fuera, se rodea con pinos abrigados por paja desde abajo hasta la altura de una persona. En especial, se pone atención a la dirección por la que sale la luna y de ese lado se deja una entrada o puerta para esta, que recibe el nombre de daljipmun. Dada la arraigada creencia de que la construcción del pueblo propio debería ser más alta y más firme que la de otros pueblos, la gente se esfuerza muchísimo para hacerla lo más alta y más grande posible. Para prolongar el periodo de quema de la casa, a veces se introducen troncos como base. Más allá de la mera creencia de que un daljip más grande traería prosperidad al pueblo, su tamaño y duración también definen las jerarquías entre los pueblos vecinos para el año entrante –quien tuvo el daljip más grande por el mayor tiempo tiene cierta autoridad por encima de los otros poblados. En el pasado, se ataban también cometas al daljip, las cuales salían volando una vez que el fuego quemaba los hilos que las tenían atadas. Esta práctica se realizaba como un símbolo de enviar afuera toda la mala suerte, por lo que las cometas recibían el nombre de aengmagiyeon (cometas para ahuyentar la mala suerte). De manera similar, las personas que habían sufrido de enfermedades durante el año quemaban su ropa interior junto con la casa de la luna, para evitar el samjae (tres años de mala suerte). Estos días, sin embargo, lo más común es escribir un deseo y colocarlo en la llama que genera la casa de la luna al quemarse. De este modo, el significado de esta costumbre en la actualidad es el de desear la felicidad y no el de expulsar a los demonios.

Tras completar la construcción del daljip, a la hora de la salida de la luna, todo el mundo se reúne y se goza de la música folclórica, mientras que al frente del daljip se pone una mesa para ofrecer un rito. En caso de que entre los asistentes se encuentre alguna figura pública de importancia, estos esta liderar la ceremonia de reverencias. Al terminar este rito, la gente del pueblo da una vuelta alrededor de la casa de la luna y comparte la alegría con coros que dicen «Eoeolssadeorideollong» (una onomatopeya que comúnmente se repite durante el tiro de cuerda).

Justo a la hora de la salida de la luna, las personas prenden fuego al daljip y la llama se esparce rapidísimo desde afuera, comenzando por la paja y produciendo numerosas chispas y estallidos. La música campesina se acelera y la gente empieza a dar gritos; pronto, todos vuelven a entonar el canto de «Eoeolssadeorideollong».

Conforme la casa se va consumiendo, las llamas de la paja y de los haces de leña contagian al roble, que se enciende fácilmente por su resina y pronto el humo negro se alza por el cielo. Luego, el bambú se prende y produce sonidos explosivos; al mismo tiempo, se ven chispas que se esparcen dibujando un paisaje espléndido. A la llegada de cierta hora, el roble finalmente cae y el fuego se empieza a asentar. En la aldea de Songcheon, hay un mito que dice que el pueblo que se encuentra en la dirección hacia la que el daljip haya caído tendrá la mejor suerte en el cultivo de ese año. Aunque en su práctica actual es solo es un evento de corta duración, en el pasado fue tan significativo socialmente que todo el mundo de la aldea seguía disfrutándolo hasta la madrugada sin parar la música campesina.

Songcheon Daljiptaeugi

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Autor NaKyungsoo(羅景洙)

Una costumbre del primer plenilunio del año, en el que se quema una pila de madera llamada daljip en la aldea de Songsan, en Songcheon‑ri, Woldeung‑myeon, Suncheon, Jeollanam‑do La tradición de la quema del daljip de Songcheon la han disfrutado todos los pobladores de esta aldea de generación en generación. Tratándose del más renombrado evento del Jeongwol Daeboreum (primer plenilunio del año), se le designó como el Patrimonio Cultural Intangible N.º 24 de Jeollanam‑do el 31 de enero de 1994. Esta costumbre folclórica es la combinación de varias ceremonias como el dangsanje (el rito para el dios protector del pueblo), el tiro de la cuerda y la música campesina. En esta aldea hay dos templos dedicados al dangsan local, donde se venera al dios protector del pueblo. Así pues, con la participación de las bandas musicales, se reza para este dios protector y luego se dispone la gente a jugar al tiro de la cuerda tras haber confeccionado las llamadas cuerdas hembra y macho. El tiro de la cuerda, en el que participa toda la comunidad en conjunto, no es un mero juego que se lleve a cabo solo por diversión: los perdedores tienen que realizar el trabajo de construcción de «la casa de la luna» o daljip. Es decir que los perdedores tendrán que ir a la montaña a cortar bambú y ramas del roble, que son los materiales de construcción principales. El proceso de producción del daljip empieza con el corte y recolección de la madera. Mientras tanto, el resto de los pobladores de la aldea vistan todas las casas para juntar bultos de paja o haces de leña. Para la construcción, primero se colocan bambús formando un cono en medio de un parque amplio. El interior de este cono se rellena con paja o haces de leña y, por fuera, se rodea con pinos abrigados por paja desde abajo hasta la altura de una persona. En especial, se pone atención a la dirección por la que sale la luna y de ese lado se deja una entrada o puerta para esta, que recibe el nombre de daljipmun. Dada la arraigada creencia de que la construcción del pueblo propio debería ser más alta y más firme que la de otros pueblos, la gente se esfuerza muchísimo para hacerla lo más alta y más grande posible. Para prolongar el periodo de quema de la casa, a veces se introducen troncos como base. Más allá de la mera creencia de que un daljip más grande traería prosperidad al pueblo, su tamaño y duración también definen las jerarquías entre los pueblos vecinos para el año entrante –quien tuvo el daljip más grande por el mayor tiempo tiene cierta autoridad por encima de los otros poblados. En el pasado, se ataban también cometas al daljip, las cuales salían volando una vez que el fuego quemaba los hilos que las tenían atadas. Esta práctica se realizaba como un símbolo de enviar afuera toda la mala suerte, por lo que las cometas recibían el nombre de aengmagiyeon (cometas para ahuyentar la mala suerte). De manera similar, las personas que habían sufrido de enfermedades durante el año quemaban su ropa interior junto con la casa de la luna, para evitar el samjae (tres años de mala suerte). Estos días, sin embargo, lo más común es escribir un deseo y colocarlo en la llama que genera la casa de la luna al quemarse. De este modo, el significado de esta costumbre en la actualidad es el de desear la felicidad y no el de expulsar a los demonios. Tras completar la construcción del daljip, a la hora de la salida de la luna, todo el mundo se reúne y se goza de la música folclórica, mientras que al frente del daljip se pone una mesa para ofrecer un rito. En caso de que entre los asistentes se encuentre alguna figura pública de importancia, estos esta liderar la ceremonia de reverencias. Al terminar este rito, la gente del pueblo da una vuelta alrededor de la casa de la luna y comparte la alegría con coros que dicen «Eoeolssadeorideollong» (una onomatopeya que comúnmente se repite durante el tiro de cuerda). Justo a la hora de la salida de la luna, las personas prenden fuego al daljip y la llama se esparce rapidísimo desde afuera, comenzando por la paja y produciendo numerosas chispas y estallidos. La música campesina se acelera y la gente empieza a dar gritos; pronto, todos vuelven a entonar el canto de «Eoeolssadeorideollong». Conforme la casa se va consumiendo, las llamas de la paja y de los haces de leña contagian al roble, que se enciende fácilmente por su resina y pronto el humo negro se alza por el cielo. Luego, el bambú se prende y produce sonidos explosivos; al mismo tiempo, se ven chispas que se esparcen dibujando un paisaje espléndido. A la llegada de cierta hora, el roble finalmente cae y el fuego se empieza a asentar. En la aldea de Songcheon, hay un mito que dice que el pueblo que se encuentra en la dirección hacia la que el daljip haya caído tendrá la mejor suerte en el cultivo de ese año. Aunque en su práctica actual es solo es un evento de corta duración, en el pasado fue tan significativo socialmente que todo el mundo de la aldea seguía disfrutándolo hasta la madrugada sin parar la música campesina.